Antagonismo de clase, competencia y funciones del estado

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 Heide Gerstenberger

 
I.
Parece el momento de señalar que el desarrollo de una teoría materialista histórica del estado todavía no ha llegado muy lejos. Los enfoques teóricos que se intentaron, por otra parte, no ofrecen ninguna base firme para el trabajo futuro. Hasta el momento, la discusión sobre la problemática de la constitución del estado burgués se caracterizó generalmente por un análisis demasiado apresurado, en las diversas “derivaciones”, sobre la relación entre lo económico y lo político. De hecho, el motivo por el cual resultan inadecuadas estas conceptualizaciones de esta relación sobre la que descansan las teorías es que, hasta ahora, en la discusión sobre la teoría del estado, la realidad fue observada únicamente para proveer meras ilustraciones de las teorías. Las bases teóricas para un análisis concreto del estado burgués aún no se establecieron y parece dudoso que de hecho puedan construirse continuando sobre las líneas desarrolladas hasta el momento. Estas dudas se desarrollarán a continuación. Ellas conforman la base de algunas sugerencias para una estrategia de investigación futura; mas estas sugerencias no pretenden añadir a los enfoques sistemáticos ya mencionados otra visión más de los fundamentos teóricos del estado burgués.
A pesar de muchas diferencias en los detalles, los análisis teóricos existentes del estado se pueden dividir en tres grupos principales. No serán expuestos en detalle aquí una vez más (ya que esto se hizo muchas veces recientemente), sino que sólo se discutirán con el fin de tener en cuenta hasta donde nos pueden proveer un antecedente teórico para el análisis concreto.
 
II.
El punto de partida que mejor representan Sibylle von Flatow y Freerk Huisken así como el AK de Münich[1] ubica los fundamentos del estado burgués en la particular relación que las personas tienen entre sí en la sociedad burguesa. Para éstos, el estado no debe derivarse del concepto general del capital porque en éste los individuos no pueden ser contenidos como ciudadanos. Solo se puede derivar de las formas económicas del intercambio y de las relaciones entre personas que estas formas crean en la superficie de la sociedad burguesa. Pero al nivel de la apariencia de la sociedad burguesa, las formas económicas del intercambio se presentan como las de la circulación mercantil simple y las personas aparecen como poseedores de varias fuentes de ingresos. Para Flatow y Huisken,el estado burgués se deriva del interés común en un alto ingreso; para el AK se basa en el reconocimiento de intereses especiales contradictorios. Ambos puntos de vista parten de la premisa de que la teoría del estado se puede desarrollar de manera adecuada al nivel de una explicación sistemática. Para esta forma de materialismo histórico la historia no existe. Pero si, tal como indica correctamente el AK, no puede haber una explicación teórica adecuada del estado sobre la base de sus funciones empíricamente comprobables, entonces de la misma manera tampoco su explicación sistemática debería estar en contradicción con la realidad histórica. Sólo aquellos que niegan la importancia de la lucha de clases y, por lo tanto, de la historia para la teoría, pueden correr el riesgo como teóricos de ser engañados por los temas de actualidad, como ha ocurrido a estos teóricos. Si hoy una clase obrera en gran parte integrada ve de hecho al estado como el protector de sus intereses, este no ha sido en absoluto el caso a lo largo de toda la historia de la sociedad burguesa. Los trabajadores en huelga que, en el siglo XIX e incluso en el XX, fueron atacados por la policía armada y montada presumiblemente tenían poca experiencia del reconocimiento de sus intereses particulares por parte de la burguesía. Así como también es difícil conciliar esta concepción del estado con los largos períodos de dominación burguesa autoritaria y fascista. La transposición teórica de las condiciones de circulación mercantil simple en formas de intercambio político se basa en un razonamiento que, por a-histórico, está en cortocircuito.
Es la forma particular del estado burgués la que resulta de las formas económicas del intercambio, la forma que lo distingue de todos los demás estados: hasta allí podemos estar de acuerdo con los autores que hemos mencionado.[2] De hecho, la base misma de esta forma es que los movimientos económicos en la superficie de la sociedad burguesa se presentan como esos de la circulación mercantil simple. Porque, a diferencia de otras formas de explotación, la forma capitalista consiste precisamente en convertir a la fuerza de trabajo en una mercancía que circula libremente. El carácter coercitivo de esta sociedad consiste en asegurar que los poseedores de la mercancía fuerza de trabajo únicamente estén en condiciones de tomar sólo su valor de cambio del mercado. Por esto mismo, el carácter de clase del estado burgués se establece también en cuanto el estado no distingue entre poseedores de diferentes “fuentes de ingreso”.[3]
Lo que puede afirmarse a partir del análisis de la superficie de la sociedad burguesa (dejando de lado las precondiciones para la circulación mercantil misma y, por lo tanto, para la reproducción del capital) es la conclusión de que el estado debe garantizar la forma fenoménica [Erscheinungsform] de los movimientos económicos como si se trataran de la circulación simple. Pero se concede demasiada importancia teórica a las condiciones para esta garantía mientras que, en consecuencia, se subestiman la reproducción social de las relaciones de producción. El factor estabilizador más importante no es la ideología sino la fuerza desnuda que se esconde detrás de las formas fenoménicas. Por lo tanto, no está definitivamente establecido que sea un requisito del modo de producción capitalista la igualdad formal, el sufragio universal y las estructuras democráticas.[4] Es cierto que los primeros escritos de Marx, a los que estos escritores se refieren con frecuencia tienden efectivamente hacia estas conclusiones “deterministas”. Pero estas obras surgieron del desarrollo de una estrategia concreta para la emancipación y desde el punto de vista de la investigación acerca de las formas de la dominación burguesa que ofrecen mejores condiciones para la preparación de una revolución socialista (la Introducción a la Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel; Sobre la cuestión judía).[5] Cualquier intento que descanse en los primeros trabajos de Marx para propósitos teóricos debe tener en cuenta tanto ese momento estratégico como el período en que fueron escritos.[6] Una vez armonizados los análisis histórico y sistemático, la correspondencia necesaria de las formas económicas y políticas de las relaciones de intercambio en la sociedad burguesa se reduce considerablemente; y lo que debe mantenerse es la ilusión acerca de la funcionalidad del estado burgués[7] y, en relación con esto, la ilusión acerca de la universalidad de la norma. La precondición para la estabilidad de la sociedad burguesa no es que el estado efectivamente se presente como garante de todos los intereses, sino que parezca posible que pueda convertirse en tal garante, y no otra cosa es el revisionismo, que proporciona una justificación teórica para la integración efectiva de la clase obrera en la sociedad burguesa. La estabilización de la sociedad burguesa no requiere la existencia de, sino tan sólo la lucha por el sufragio universal. Y puesto que la aplicación efectiva de libertad formal y de la igualdad formal socava finalmente las esperanzas que podrían haberse depositado en la mejora del sistema burgués, no deben verse como garantes de la estabilidad de esta sociedad sino más bien como la condición previa de graves convulsiones.
 
III.
La explicación de las funciones del estado relacionadas con la valorización del capital se volvió más influyente en el debate contemporáneo que la derivación del estado burgués a partir de la superficie de la sociedad burguesa. Aunque rara vez analizado detenidamente en la teoría[8], este enfoque organizó, sin embargo, todo el debate de la izquierda en los últimos años.
En efecto, entretanto, las múltiples limitaciones de la actividad del estado fueron muchas veces analizadas[9], pero en los debates sobre las funciones del estado los objetivos de la actividad estatal siguen siendo tratados como la expresión adecuada de una situación de valorización del capital (en la mayoría de los casos, aún considerada como limitada a la economía). Como la dominación de clase encontró su encarnación organizativa en el estado, se deduce no sólo que los intereses del capital prevalecen en los conflictos de clase (usualmente citados para ilustrar la relación funcional entre la valorización y la actividad estatal), sino que también se infiere fundamentalmente (sin discutir) que los intereses del capital son representados por el estado. Esto debe significar entonces que la estructura real del capital nacional encuentra en la actividad del estado su representación adecuada en cualquier momento. El análisis del estado burgués se concibe de este modo como la continuación del análisis del capital. En primer lugar, se desarrolla la existencia promedio [Durchschnittexistenz] del estado a partir del análisis general del capital. Se supone entonces que este análisis asciende hacia lo concreto explicando las funciones estatales concretas a partir de los movimientos concretos de la acumulación. Pero como en la actualidad el análisis de los procesos concretos de la acumulación no está aún muy avanzado, el desarrollo concreto del estado burgués generalmente termina siendo derivado de una manera complementaria a las condiciones generales del modo capitalista de producción (sobre todo, a partir de la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia) que, sin embargo, en tanto que tales, no proporcionan absolutamente ninguna información sobre su contenido histórico concreto.[10]
Sin embargo, el desarrollo histórico de las funciones del estado puede ser derivado directamente de la teoría general menos aún que el desarrollo de procesos concretos de acumulación. Es un error creer que un avance de la teoría general del estado nos permitirá por fin derivar la política acerca de la familia, de la educación o del bienestar de una manera contundente a partir de las condiciones de valorización del capital. El punto de partida obvio para un análisis materialista del estado es que existe una relación entre el movimiento del capital y la actividad del estado. Afirmar esta relación tan general no hace más que recordarnos la estrategia de investigación básica formulada por Marx en 1859 en el Prefacio a la Contribución a la crítica de la economía política.[11] El análisis concreto consiste en determinar, precisamente, cómo existe esta relación en cada caso particular. Y la referencia a la lucha de clases no es una solución a la dificultad, a menos que tenga un efecto decisivo en el enfoque analítico concreto.
Las luchas de clases y las estrategias de competencia concretas se desarrollan por fuera de las condiciones de valorización del capital[12] y tienen lugar dentro del marco de una estructura política definida, pues suponer que más allá de esos conflictos se establece una correspondencia exacta entre la valorización del capital y la actividad del estado, o incluso que el estado puede ser caracterizado en general como el administrador de un interés colectivo concreto del capital, no sólo implica que no hemos avanzado en el análisis concreto de la superestructura estatal sino también que negamos la importancia histórica de la lucha de clases concreta.
El supuesto de que la actividad del estado (al menos en principio) podría caracterizarse en general como funcional para el capital en su conjunto podría justificarse teóricamente de tres maneras. En primer lugar, se podría argumentar que la representación de los diferentes intereses no sólo conduce a un predominio de los intereses capitalistas, sino también que las diferencias entre los distintos intereses del capital conducen a un compromiso de intereses entre las fracciones de capital, compromiso que coincidiría con, o se aproximaría a, el interés del capital de conjunto.[13] Pero esto implica procesos de compromiso que, incluso en períodos de capitalismo pre-monopolista, sólo podrían corresponder a un modelo de sociedad burguesa y a una fe en el funcionamiento de una “mano invisible”. Tal vez podría afirmarse que el interés colectivo del capital es el resultado de las luchas concretas, como en los casos analizados por Marx de manera ejemplar en su capítulo sobre la jornada de ocho horas: en la lucha de la clase obrera sobre las condiciones de reproducción de su fuerza de trabajo.[14] Pero incluso aquí uno podría preguntarse si, con las crecientes diferencias en su desarrollo, los capitalistas individuales no se enfrentan de maneras muy distintas a las condiciones de reproducción concedidas gracias a la lucha (por ejemplo, a las licencias por estudios), o si las demandas particulares de este tipo no podrían trascender las condiciones de reproducción de la fuerza de trabajo explotada de un modo capitalista. El segundo argumento posible para sostener que el interés del capital en su conjunto se expresa a través de la actividad del estado proviene de la competencia entre estados nacionales. La competencia en el mercado mundial es una de las características básicas del desarrollo histórico concreto del capitalismo y la organización estatal es un instrumento vital de las estrategias de competencia en el mercado mundial. Este argumento sobre el estado-nación puede ser defendido en cierto sentido. Porque podemos asumir con seguridad que los gobiernos y los funcionarios del aparato administrativo del estado son conscientes de la responsabilidad de garantizar la competitividad del capital nacional en el mercado mundial -una responsabilidad que hoy conduce generalmente a que se conceda un tratamiento preferencial a las denominadas industrias del crecimiento en las políticas estatales.[15] Incluso si no se parte de la hipótesis de algunos teóricos del Stamocap [state monopoly capitalism o capitalismo monopolista de estado] de una alianza entre los monopolios y el estado, una consecuencia de la función histórica clásica del estado burgués consistente en garantizar la representación exterior es que los departamentos gubernamentales deben obtener información y asesoramiento de aquellos representantes del capital importantes a propósito de la posición de la nación en el mercado mundial. Sin embargo, esta línea general de pensamiento no nos dice mucho acerca de la actividad concreta del estado. No puede tener en cuenta un caso en que los capitales líderes estén obligados a hacer demandas contradictorias al estado (véase la crisis energética), ni nos ayuda para indicar qué decisiones concretas podrían tomarse cuando se trata de establecer la posición competitiva en el mercado mundial de una rama particular mediante el apoyo estatal. Y, por último, ignora por completo la necesidad de las autoridades del estado de equilibrar las necesidades de la competitividad en el mercado mundial con las de la estabilidad política interna. Caracterizar los resultados concretos de este proceso de equilibrio como la expresión generalmente adecuada de los intereses efectivos del capital colectivo involucraría nuevamente una serie de supuestos bastante objetables.
La tercera posibilidad concebible para establecer una correspondencia adecuada entre el interés colectivo del capital y el de la actividad del estado ya se adelantó y descansa en el rol de los funcionarios del aparato estatal. En un punto del debate sobre la economía política de la educación se pensaba que estas relaciones substanciales podían ser probadas mostrando vínculos personales (por ejemplo, de los miembros del Consejo Científico) con determinados intereses del capital. Exponer a los individuos como las marionetas de intereses determinados es bastante inadecuado para el análisis de las relaciones reales, además de virtualmente irrelevante. La conexión entre el aparato estatal y los intereses del capital se establece en efecto, parcialmente, a través de procesos de selección y socialización típicos (descritos en particular por Miliband[16]) y también, hasta cierto punto, a través de obligaciones conscientes. Pero en términos sistemáticos lo más relevante, por sobre todo, es la conexión que necesariamente se establece a espaldas de las personas involucradas. Y esta necesidad es mediada en el estado burgués desarrollado a través del mecanismo de la votación. Un gobierno sólo será elegido o reelegido si una mayoría del electorado espera que sea capaz de perseguir sus intereses (de un modo que a veces se entiende vagamente).[17] A menos que estén dispuestos a hacer cualquier cosa sin la aclamación de las urnas, los gobiernos deben mantener la apariencia de neutralidad de varias maneras[18]; y también, a medida que el capitalismo se desarrolla, se comprometen cada vez más en moderar  su propensión a las crisis. El hecho de que los miembros del gobierno y los funcionarios del aparato administrativo son plenamente conscientes de la tarea de gestión de la crisis es un hecho que ciertamente puede ser tenido en cuenta en el análisis del estado. Sin embargo, en la fase actual del capitalismo, esto no solo significa favorecer en términos muy generales los intereses del capital por sobre los intereses de los asalariados, sino que el objetivo consiste más bien en mejorar la rentabilidad de algunos capitales y fracciones del capital en particular, debido a la importancia de la competencia en el mercado mundial. En cuanto al análisis de la incidencia de la actividad estatal, nos encontramos una vez más en el punto alcanzado anteriormente. Sólo es posible trazar un esbozo de la aparición de esta actividad, a menos que podamos atribuir al aparato estatal un conocimiento casi místico de los intereses colectivos concretos del capital en cualquier momento dado del tiempo.
En oposición a los enfoques actuales dominantes, el AK señaló correctamente que la descomposición analítica del estado en categorías económicas niega la particularización del estado de la sociedad burguesa.[19] Para ellos, de esto se deduce que el análisis de la situación debe partir de las formas fenoménicas en que los movimientos del capital se presentan en la superficie de la sociedad burguesa. Pero esta adhesión teórica a la superficie invertida de la sociedad burguesa restringe innecesariamente el análisis del estado. El que el movimiento del capital pueda presentarse como el de la circulación simple en la superficie de la sociedad burguesa no sólo fue un requisito histórico (en la fase de acumulación primitiva), sino que necesita de la acción estatal constante. Esto se debe a que la reproducción exitosa del capital es la precondición para la reproducción de esta superficie particular de la sociedad burguesa y en cada fase de la sociedad burguesa esto requirió medidas estatales (en contraposición a los modelos simplificados de las etapas).[20] Por esta razón, el análisis de las funciones estatales es una parte esencial de la teoría materialista histórica del estado. Este análisis no proporciona una explicación completa del estado burgués, y además sigue siendo insatisfactorio, a menos que incluya efectivamente en el análisis teórico tanto las luchas de clase como los niveles de mediación a través de los cuales los movimientos de capital y la actividad estatal se relacionan. Volveremos sobre esto más adelante.
 
IV.
 
Hunno Hochberger propuso recientemente otro enfoque para el análisis del estado.[21] (También se encuentra en una manera similar en la obra de Ulrich K. Preub sobre la constitución alemana.[22]) Para Hochberger, el carácter de clase del estado burgués no se estableció de una manera satisfactoria en las obras existentes. La derivación del estado a partir de la lógica del sistema económico, escribe, significa que esa naturaleza de clase debe ser atribuida al estado sin mediación alguna. Esto demuestra, dice, los límites de un análisis puramente lógico, y deja en claro “dónde entra la historia”. Luego desarrolla su enfoque, elaborando en particular la diferencia entre el aparato administrativo y las formas de intercambio en la sociedad burguesa. Argumenta que el aparato burocrático se origina como un instrumento de clase para llevar a cabo la proletarización durante la acumulación primitiva. La autonomización del poder del estado, en  consecuencia, es el resultado de la situación de la lucha de clases en la fase de acumulación primitiva del capital. Por fuera de la objeción histórica de que puede mostrarse que una institución administrativa separada se originó en períodos históricos muy anteriores, mostrar correctamente que el aparato estatal fue un instrumento de la lucha de clases durante la acumulación primitiva solo es una prueba histórica del carácter de clase del estado burgués. Pero el análisis histórico sólo nos habla acerca de estructuras, no acerca de la necesidad de que existan. Lo que es distintivo de la fase de acumulación primitiva respecto de la fase del desarrollo de la sociedad burguesa es que tiene un carácter de clase explícito. Pero que fuese evidente en un principio no es suficiente para explicar su existencia en una forma camuflada más tarde. Y el análisis materialista es inadecuado hasta tanto no pueda descifrar el carácter de clase que se encuentra en la universalidad de la ley, en la universalidad de la norma. A pesar de esta crítica, dos puntos en este enfoque decididamente histórico son dignos de mención: en primer lugar, su objeción a la afirmación implícita en la derivación sistemática de intentar tratar de comprender todos los fenómenos del estado burgués solo a partir de las condiciones de la sociedad burguesa. De hecho, la creación del aparato institucional precede al establecimiento de la sociedad burguesa. Y teniendo en cuenta el hecho de que el estado no es un componente directo del modo de producción capitalista, no podemos dar por sentado que no se aferre a estas características que pueden explicadas a partir de las condiciones de su formación. De ahí que el enfoque que hemos citado nos conduce a la siguiente reflexión: si la esfera política en la sociedad burguesa debe analizarse de hecho como separada en cierto modo de lo económico y, en consecuencia, si las categorías de este análisis no están disponibles de modo completo en el desarrollo de una teoría general del capital, entonces parece necesario (de forma limitada, ya que la particularización del estado no se despega del marco social general) repetir ese proceso de investigación que precede al análisis del capital: procesar el material histórico y criticar la teoría burguesa. Esto implica cierto escepticismo respecto de los esfuerzos por desarrollar una teoría sistemática estructural en el estado actual de este debate.
 
V.
 
El estado como presupuesto de la reproducción de la comunidad[23] se desarrolla en relación con la división social del trabajo y, al mismo tiempo, con la demarcación regional de la producción; asimismo, todas las formas de explotación confieren un carácter de violencia de clase al estado. Marx y Engels trabajaron con ambas formulaciones.[24] Esto no significa que el análisis del estado esté completamente absorbido en un análisis de la forma de la sociedad burguesa. Más bien, de lo que éste último se ocupa es de la forma particular asumida por el estado en la sociedad burguesa: “En todos los casos es la relación directa entre los propietarios de las condiciones de producción y los productores directos relación ésta cuya forma eventual siempre corresponde naturalmente a determinada fase de desarrollo del modo de trabajo y, por ende, a su fuerza productiva social donde encontraremos el secreto más íntimo, el fundamento oculto de toda la estructura social, y por consiguiente también de la forma política que presenta la relación de soberanía y dependencia, en suma, de la forma específica del estado existente en cada caso”.[25]
Durante el período de su formación, el estado burgués se distinguió de sus propias formas anteriores, en un principio, sólo en cuanto a sus funciones y no en cuanto a su estructura básica. Constituyó la organización para llevar adelante los intereses comunes de la(s) clase(s) dominante(s) y para la institucionalización de un nuevo sistema de explotación económica. En la etapa de la acumulación primitiva, el estado puede, por tanto, ser descripto como el comité que administra los negocios comunes de las clases dominantes, una descripción que el Manifiesto Comunista propone polémicamente a propósito de toda la época burguesa. El carácter opresivo del estado en ese período fue tan evidente como en todas las anteriores formas de organización política. ¿Por qué el estado cambia su forma en la época burguesa? ¿Por qué se convierte, en su forma, en el estado de la sociedad en su conjunto? Esta es la pregunta que debe responderse analizando las estructuras básicas de la sociedad burguesa.
La conformación de la forma específicamente burguesa del estado es históricamente el resultado de la acumulación primitiva. Sólo después de que el estado (en la forma de una institución que actúa manifiestamente a favor de los intereses de las clases dominantes) ha promovido la proletarización de una gran parte de la población y la acumulación voraz de capital, solo entonces cambia su forma fenoménica.[26] Las relaciones capitalistas de producción ya están establecidas en ese período, aunque no siempre muy ampliamente. A partir de entonces, ya no es tanto una cuestión de establecer sino de reproducir estas relaciones. Mientras que en todas las épocas de la producción anteriores la evidente fijación de relaciones de poder formo parte del proceso de reproducción, la reproducción de las relaciones capitalistas de producción debe tener lugar en la mayor medida posible sin la aplicación evidente de la fuerza. La inmovilización generalizada de la fuerza de trabajo existe a los fines de establecer una estructura de explotación que reviste la forma de una relación de fuerza abierta. Pero esto es muy difícil de conciliar con la acumulación capitalista determinada por procesos competitivos.[27] De allí que la reproducción de las relaciones capitalistas de producción no se limita a presuponer la disponibilidad de fuerza de trabajo (para lo que sería suficiente con la privación forzosa de los medios de auto-subsistencia); también presupone que los trabajadores no deben ver su situación como provocada en modo alguno por la fuerza, sino como el resultado de un acto de intercambio al que aportaron su fuerza de trabajo. En épocas históricas anteriores, la miseria personal podía entenderse quizás como un castigo divino, pero nunca antes pudo el sistema de explotación basarse en una conciencia del explotado que lo lleve a entender su situación como consecuencia de su propia incapacidad, determinada por la calidad particular de su fuerza de trabajo. La condición previa para que la reproducción de las relaciones de producción se presente ante la conciencia de esta manera fue históricamente (y es sistemáticamente) que el estado ya no aparezca abiertamente como la organización de los dominadores. Una vez que el estado deja de obligar a los vagabundos y a los internos de las prisiones a trabajar y se propone como garante de la regulación (legal) de las relaciones de intercambio, se retira formalmente de la sociedad y, al mismo tiempo, se convierte en el estado de la sociedad en su conjunto. (Este proceso se expresa históricamente, por ejemplo, en la abolición de los señoríos y en el establecimiento del carácter inmediato del poder estatal.) Lo que el estado garantiza de este modo es la aparición de la libertad de contrato, que viene a expresarse en la ley burguesa. Esta apariencia sólo puede ser mantenida, sin embargo, porque tiene en los salarios un fundamento que puede experimentarse materialmente.[28] Sólo porque los salarios crean la apariencia de que todo el trabajo es pagado, la relación de capital puede establecerse en la superficie como una relación de intercambio. El encubrimiento no se produce por la forma jurídica, sino por el modo de producción capitalista. Pero, dado que el capitalismo ha logrado ocultar el sistema de explotación en la organización de la producción misma, se volvió posible para la regulación político-legal de las relaciones entre las personas en la sociedad burguesa desarrollar como abstracción formal la organización social de la producción. El estado no garantice efectivamente la justicia, por consiguiente, sino sólo la aplicación de principios formales.
Una vez que explicamos la abstracción de las formas político-legales del intercambio de las estructuras de la producción como el resultado del encubrimiento de la relación de explotación en los salarios, ya hemos establecido la particularización del estado respecto de la sociedad y la forma más general del estado burgués. Pero esto todavía nos dice muy poco sobre el desarrollo histórico concreto del estado burgués. Pues de la forma del estado burgués no podemos derivar directamente sus funciones.[29] Más bien, la relación entre la forma y la función del estado burgués implica una contradicción, que surge de que el modo de producción capitalista no solo requiere el establecimiento de cierto modo de intercambio, sino también de precondiciones materiales de la producción. Su carácter general se puede determinar a partir de la competencia entre capitales (y del conjunto de los capitales del estado-nacional); su forma particular es el resultado de las condiciones histórico concretas de valorización del capital. Estas relaciones fueron discutidas por Elmar Altvater. La provisión de condiciones materiales de la producción (en oposición a legales) requiere la acción económicamente determinada del estado. Esto, debido a la particularización del estado respecto de la sociedad, amenaza la salvaguarda de las relaciones de producción capitalistas.
Hay tres formas en que esta contradicción entre forma y función del estado burgués se supera.
1. La participación formalmente igualitaria de todos los ciudadanos en el proceso de formación de la voluntad colectiva sirve para ocultar el contenido de clase de las medidas estatales llevadas a cabo de forma legal. (Ya hemos argumentado anteriormente que la lucha por la igualdad en la participación puede tener el mismo efecto.)
2. El establecimiento de procedimientos definitivos, formales y judicialmente revisables como estándares operativos para la burocracia sirve para someter la acción del estado al principio de la norma universal. (Esto no establece en términos reales ninguna limitación sobre el alcance de la acción del estado, como demostrado claramente sobre todo Niklas Luhmann).[30]
3. Como resultado de la lucha de clases la acción estatal llega a incluir no solo los intereses formales sino también los reales de la clase obrera (ilusión del estado de bienestar).
Aunque no podamos entrar en detalle, debemos señalar que en el curso del desarrollo histórico se vuelve necesario que una cantidad cada vez mayor de los asuntos del estado no sea canalizada a través de los procedimientos legislativos, para garantizar el establecimiento de las precondiciones materiales de producción.[31] Pero, al mismo tiempo, el estado burgués, como resultado de los conflictos de clase, se representa a sí mismo cada vez más como el verdadero defensor de todos los intereses. Por lo tanto, la sociedad burguesa es capaz de asegurar las relaciones de producción de una manera que sobrepasa (o crecientemente reemplaza) lo que constituye la particularización del estado burgués respecto de la sociedad.[32]
 
VI.
 
La primera tarea del análisis concreto debe ser mostrar cómo la contradicción entre la forma y la función del estado burgués se desarrolla concretamente y de qué manera se supera parcialmente. Sólo después de un extenso proceso de investigación histórica (que apenas comenzó) será posible una construcción sistemática de teorías. La base de estas teorías no la proporcionará el tipo de descripción histórica y los intentos de sistematización propuestos hasta ahora por los defensores de la teoría del capitalismo monopolista de estado, ni tampoco una discusión crítica de estas obras proveerían un punto de partida adecuado. (El rechazo del modelo de etapas de la teoría del Stamocap no nos libera de la necesidad de investigar cuáles son los cambios resultantes del proceso de desarrollo de la sociedad burguesa.)
Por lo general, en el análisis concreto del estado burgués nos limitamos a reconocer un nexo general con las condiciones de valorización del capital. Las luchas de clases aparecen en primer plano para explicar el establecimiento de este vínculo en cualquier momento dado. Hicimos hincapié antes en los problemas involucrados en este procedimiento. Consiste en la reducción teórica (y, por lo tanto, también política) de las luchas de clases a nada más que la ejecución de leyes generales. Al mismo tiempo, el resultado necesario de este procedimiento es la interpretación de la actividad del estado como funcional a las situaciones concretas de la valorización del capital.
Un intento de superar las limitaciones del anterior análisis del estado introduciría en el horizonte factores cuyo análisis los marxistas han dejado hasta ahora exclusivamente en manos de la ciencia política. Involucraría, por ejemplo, investigaciones más detalladas sobre aquellos miembros de la sociedad burguesa de los que Marx dijo una vez que consideran al estado como su propiedad privada.[33] (Las concepciones de los burócratas siempre fueron un factor excluido del análisis sistemático, aunque es de suponer que son precisamente ellos quienes intervienen en la traducción de las necesidades de la reproducción del capital en acción estatal.) Pero, por sobre todo, la lucha de clases ya no debe verse en el marco del análisis del estado sólo en lo que respecta a su base objetiva y contexto, sino también en términos de su trayectoria concreta y sus resultados. Esto le da importancia analítica a esas condiciones particulares que son a la vez el resultado de las luchas de clases previas de una sociedad y también influyen en el ejercicio efectivo de las estrategias políticas. Estas no sólo están parcialmente cristalizadas en estructuras concretas del estado (en la forma de estado actual), sino que también son parte integral de ciertas tradiciones y modos típicos de conducta. No es que estas estructuras determinen el contenido de las luchas de clases, sino que son importantes para el análisis del estado como canales a través de los cuales se persiguen normalmente estrategias económicas y políticas en una sociedad. El hecho de que una estrategia concreta sea posible en un país (por ejemplo, la introducción de la “acción concertada”[34] en la República Federal de Alemania) no la hace de ninguna manera plausible de implementarse de la misma manera en otro país -incluso si las condiciones generales de la valorización del capital son en todos los sentidos similares (por ejemplo, Gran Bretaña, en el caso de nuestro ejemplo anterior de compromiso de la clase política).
El planteamiento que se propone aquí, en el sentido de que la actividad concreta del estado debe comprenderse como el resultado de las confrontaciones sociales mediadas a través de una amplia variedad de canales en el aparato del estado,[35] sólo tiene sentido teórico si reconocemos que, sobre la base de tales mediaciones, la actividad real del estado no siempre es la expresión adecuada de los intereses colectivos del capital. Esto no es decir que en general no se implementen los intereses del capital, sino que en un análisis concreto no debemos asumir de antemano como una certeza que la actividad subsiguiente del estado promoverá en todos los casos concretos las posibilidades de acumulación del capital nacional en la mayor medida posible en condiciones capitalistas. Este énfasis metodológico en la trayectoria concreta de las estrategias sociales podría objetarse, señalando en particular el aumento de la actividad del estado en la planificación, que resulta de su aceptación de la responsabilidad de encarar estrategias de estabilización. Pero la transferencia de responsabilidades de planificación a los departamentos gubernamentales no crea por sí misma una especie de racionalidad capitalista superior. Por lo tanto, no es solo cuestión de analizar los límites económicos de la actividad del estado; debemos ir más allá y mostrar las limitaciones a las que está sujeta la actividad del estado en cuanto a su funcionalidad respecto de la acumulación de capital, limitaciones que se derivan de la relación entre la actividad del estado y desarrollo del capitalismo en crisis. Las dificultades de recopilación de información, que habitualmente se agudizan en este contexto, apenas pueden mencionarse aquí. Pero aun suponiendo la mejor recopilación de información, ¿donde adquirirían súbitamente su capacidad analítica los asesores responsables? Vamos a ilustrar estos puntos con un único pero importante ejemplo. Hoy en día, los teóricos del crecimiento más capaces tienen absolutamente en claro que las predicciones sobre la conexión concreta entre ciertas inversiones en infraestructura y el crecimiento económico sólo son posibles en términos especulativos. Pero incluso aquellos factores cuya importancia no se niega (por ejemplo, el carácter limitado de las reservas de petróleo o los efectos a largo plazo de la contaminación del medio ambiente) no se convierten por eso en principios rectores de la acción del estado. Cuando existan planes adecuados en los escritorios (digamos, una política energética basada menos exclusivamente en el petróleo), sólo podrán implementarse aún como planes si corresponden con los intereses de una fracción del capital, o si la clase obrera presiona convirtiéndolos en demandas de masas, o si una crisis aguda pone de manifiesto la necesidad de ellos. Es decir, los problemas nuevos deben convertirse primero en problemas para el estado, y esto tiene lugar a través de los canales de articulación de intereses y/o por medio de las crisis. El estado reacciona en ambos casos generalmente de manera ad hoc y normalmente sus medidas generan las condiciones previas para nuevas crisis. El análisis lógico de las condiciones del desarrollo capitalista no proporciona ninguna base para pensar que la actividad estatal, que considerada de una manera más atenta es increíblemente asistemática, establece siempre, como si se tratara de una astucia de la razón, lo que puede considerarse exactamente en ese momento como funcional respecto de las condiciones concretas de acumulación del capital. Por esta razón, es cuestionable si el grado de dependencia del proceso de acumulación capitalista respecto de ciertas determinadas medidas estatales que comúnmente se asume soportaría un análisis exhaustivo. Podemos suponer igualmente que respecto de algunas actividades estatales no se puede mostrar una conexión directa con las condiciones de la valorización del capital. Si estas consideraciones se toman en serio y no son cargadas en la cuenta de las contingencias históricas, plantean problemas al análisis materialista del estado que todavía no hemos empezado siquiera a pensar.


[1] Flatow, S. von y Huisken, F.: “Zum Problem des Ableitung des bürgerlichen Staates”, en Probleme des Klassenkampf 7, 1973, p.83 y ss. [incluido en este volumen]; “Warum scheitern Marxisten an der Erklärung des bürgerlichen Staates?”, en AK: Resultaten der Arbeitskonferenz 1, 1974, p. 120 y ss. [el AK de Munich es el grupo Rotte Zellen / Arbeitskonferenz (o Células rojas / Congreso del trabajo, NdT]. 
[2] Como también sostiene M. Wirth en “Zur Kritik der Theorie des staatsmonopolistischen Kapitalismus”, en Probleme des Klassenkampf 8/9, 1973, p. 120 y ss. [incluido en este volumen].
[3] Esto es oposición a Offe, cuya concepción es que el carácter de clase del estado burgués puede ser determinado retrospectivamente en cualquier momento sobre la base de medidas estatales específicas: véase Offe, C.: Strukturprobleme des kapitalistischen Staates, Frankfurt, 1972, especialmente p. 69 y ss.
[4] Algo que argumentan erróneamente tanto el artículo citado de Margaret Wirth (p. 31)como en otro de la autora (“Zur Theorie der historischen Konstitution des bügerlichen Staates”, en Probleme des Klassenkampfs 8/9, 1973, p. 208).
[5] Véanse la “Introducción a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel”, en Escritos de juventud, México, FCE, 1982 y “La cuestión judía”, en La sagrada familia y otros escritos, México, Grijalbo, 1962.     
[6] Véase Reichelt, H.: “Zur Staatstheorie im Frühwerk von Marx und Engels”, en K. Marx y F. Engels: Staatstheorie, compilada e introducida por E. Henning, J. Hirsch, H. Reichelt y G. Schäfer, Frankfurt, 1974 [véase asimismo el artículo de Reichelt incluido en este volumen, NdT] Esta aclaración se originó en una discusión con Reinhold Zech y Helmut Reichelt.
[7] Esta precisión proviene de una discusión con Reinhold Zech y Helmut Reichelt.  
[8] Especialmente claro en Alvater, E.: “Thesen zum Staatsinterventionismus”, en Probleme des Klassenkampfs 3, 1973, p.1 y ss. 
[9] Esto permitió que la discusión de izquierda superara la etapa en la que estado efectivamente dominada -aunque no conscientemente en la teoría- tanto por el keynesianismo como por las aproximaciones correspondientes a la teoría del capitalismo monopolista de estado.
[10] Esto es muy notoriamente así en Boccara, P.: “Zum staatsmonopolistischen Kapitalismus”, en Sozialistische Politik 11, 1971, p. 7 y ss., aunque también en Alvater, E.: op. cit.
[11] Marx, K.: Contribución a la crítica de la economía política, México, Siglo XXI, 1980, p. 3 y ss.
[12] Como esto representa su fundamento, entiendo que la sugerencia de Blanke, Jürgens and Kastendiek, de que la periodización debe basarse en las condiciones de la lucha de clases y no en la situación de competencia no conduce muy lejos (Blanke, B.; Jürgens, U. y Kastendiek, H.: “Zur neueren marxistischen Diskussion über die Analyse von Form und Funktion des bürgerlichen Staates”, Manuscrito, 1973 [incluido en este volumen]). Nótese, en relación con esto, la dificultad para analizar el fascismo.
[13] Naturalmente, no malinterpreto el interés colectivo [Gesamtinteresse] del capital como el interés promedio [Durchschnittsinteresse]; estoy argumentando sobre la posibilidad teórica de que los intereses de conjunto puedan ser representados por el estado.
[14] Marx, K.: El capital, México, Siglo XXI, 1990, tomo  I, capítulo 8.
[15] Véanse las protestas de las asociaciones económicas de clase media ante la “acción concertada”.
[16] Miliband, R.: El estado en la sociedad capitalista, México, Siglo XXI, 1991.
[17] La objeción que puede hacerse a los teóricos de la crisis de legitimación es que una disminución de la credibilidad puede implicar el fin de un gobierno pero de ningún modo el fin de la sociedad burguesa.
[18] James O’ Connor dio ejemplos concretos de esto (véase “Summary of the theory of fiscal crisis”, en Kapitalistate 1, 1973, p.79).
[19] AK: op. cit.
[20] Por este motivo, una vez que se realiza la distinción entre el análisis histórico y el análisis lógico es difícil justificar una derivación simple del estado burgués a partir de las formas de intercambio (véase  AK: op. cit., p. 157).
[21] Hochberger, H.: “Probleme einer materialistischen Bestimmung des Staates”, en Gesellschaft. Beiträge zur Marschen Theorie 2, Frankfurt, 1974, p. 155 y ss. Hochberger parece depender en parte de mi ensayo (“Zur Theorie der historischen Konstitution des bürgerlichen Staates”, en Probleme des Klassenkampfs 8/9, p. 207 y ss.) Éste no era, metodológicamente, más que un intento de descripción sistemática. Las únicas ideas teóricas que contenía corresponden más bien al análisis funcional criticado anteriormente.
[22] Preuß, U.: Legalität und Pluralismus, Frankfurt, 1973.
[23] La aproximación del Projekt Klassenanalysees por tanto válida, siempre y cuando no esté limitada al análisis formal [Formanalyse] de la sociedad burguesa. Véase Projekt Klassenanalyse: Zur Taktik der proletarischen Partei 2, Berlin, 1972, en particular p. 130. 
[24] Marx, K.: Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse) 1857-1858, tomo I, México, Siglo XXI, 2007, p. 433 y ss.  y Engels, F.: El origen de la familia, la propiedad privada y el estado, Moscú, Progreso, 1970.
[25] Marx, K.: El capital, México, Siglo XXI, 1990, tomo III, p. 1007.
[26] Para una explicación más detallada, véase Gerstenberger, H.: “Zur Theorie…”, ed. cit.
[27] Esto no excluye la continuidad de la dependencia histórica de la producción capitalista respecto del trabajo forzado.
[28] Véase sobre esto Negt, O.: “Thesen zur marxistischen Rechstheorie”, en Kritische Justiz 1, 1973, p. 1 y ss.
[29] Blanke, Jürgens y Kastendiek extraen erróneamente esta conclusión. Una vez establecido el estado como garante extra-social de la ley, derivan de ello que las acciones del estado deben seguir siendo externas al proceso de reproducción (aunque sus propios argumentos posteriores contradicen esta afirmación). Véase Blanke, B.; Jürgens, U. y Kastendiek, H.: op. cit, p. 7, nota al pié) [incluido en este volumen].
[30] Luhmann, N.: “Politische Verfassungen im Kontext des Verfassunssystems”, en Der Staat 12 (1) (primera parte) y 12 (2) (segunda parte, 1973.
[31] Véase sobre esto Preub, U. K.: op. cit.
[32] El artículo del AK de Münich no devela la naturaleza histórica de este proceso.
[33] Marx, K.: Critica de la filosofía del estado de Hegel, Madrid, Biblioteca Nueva, 2010, p. 76.
[34] [La “acción concertada” en la República Federal Alemana fue un acuerdo vigente entre 1967 y 1977, con carácter de ley, según el cual las asociaciones patronales y los sindicatos permitían al gobierno federal “proveer orientación para acciones concertadas” en caso de que alguno de los cuatro siguientes objetivos se vieran amenazados: la estabilidad de precios, el pleno empleo, el equilibrio en la balanza comercial y el crecimiento económico; NdT]
[35] Debería haber quedado claro a partir de mis argumentos anteriores que no estoy proponiendo un enfoque centrado en una teoría de la influencia que presuponga la neutralidad real del estado como algo teóricamente posible.